Debería quitarme el Subjuntivo,
martes, 10 de febrero de 2026
Subjuntivo
Debería quitarme el Subjuntivo,
lunes, 5 de enero de 2026
Sanación
Me desperté hamacándome en el fresco aroma de pinos y eucaliptos.
Desayuné en alas de golondrinas, gorriones y calandrias.
Llegué hasta el mar montada en un remolino soleado de viento y sal,
dejando atrás esa manía mía de caminar mirando todo lo que piso.
Me elevé hasta el cielo salpicado de nubes de espuma y bruma.
Y me senté en la arena tersa sintiéndome sanada
y por fin con ganas de escribir unas leves palabras
después de años de no hilar ni una sola línea.
sábado, 24 de diciembre de 2022
Una mujer sola en Navidad
(Basado en hechos reales)
Una mujer, un claroscuro a pintar,
entre tanto borracho sin sentido,
tiene más que una pena que olvidar
del dolor que le causa un ser perdido
que en las sombras insiste en perdurar,
sentada y sola, mujer en llanto enmudecido.
El barman, silencioso y singular,
iniciado en las artes celestiales del batido,
el veneno indicado ha de mezclar
siendo su fuerte el pasar inadvertido.
- Señora, dígame: ¿Qué va a tomar?
Imagino que lo va a querer helado...
domingo, 16 de octubre de 2022
Subjuntivo
Debería empezar esta mañana
abonando la tierra de esto tengo,
una mujer sin nido pero alada,
viernes, 30 de septiembre de 2022
Sin vuelo en verso
Celebrar raíces
no solo el fruto
color tersura
de flor colmada
Alivianar esta ingravidez
desde el silencio
la voz vacía
del nuevo día
Acariciar lo endeble
del tronco seco
de agua de lluvia
del cielo lágrima
Fluyendo leve
en el misterio
herida abierta
corteza áspera
Iluminando noche
oscuro cielo
que no me ampara
cada mañana
Sombras y luces
de mi universo
hacerlas una
sin añoranza
Cordura ausente
de mi desvío
que urgente clama
por ser sanada
Lograr tejerme
en el presente de aquel pasado
que es lo que queda
que hoy es la trama
sin la demanda
sin la exigencia
sin vuelo en verso
que me detiene.
sábado, 10 de septiembre de 2022
Apropiación del cuerpo
El psi me da una consulta virtual una vez por semana.
Emplea un eufemismo, un diagnóstico impreciso,
que expide en receta por duplicado y por whatsapp
con letra ilegible de médico: típico.
Siempre la encabeza:
"Receta de emergencia COVID-19
válida por 7 días".
"Trastorno de estado de ánimo",
así él lo diagnostica, apelando al Manual DSM-5,
al pie de la lista de fármacos
que cuestan una fortuna...
Pero ambos sabemos bien
que de depresión hablamos,
acá, en Argentina, y hasta en la China...
De densos duelos yo vengo,
de ausencias, pérdidas,
menopausia y del puto barbijo grueso: gruesa como quedé yo.
Estuve tirada
en el living, sobre el sillón,
con ganas de hacer casi nada
por meses y por semanas con el frío del calor.
El otro día el psi me dijo,
lo más tranquilo, en llamada entrecortada,
que, para salir de este estado maldito,
tengo que "apropiarme de mi cuerpo"...
¿De qué apropiamiento me habla?
Difícilmente esto que soy yo hoy podría lograrlo pronto...
Y encima después me pregunta: - ¿Estás apurada?
¿De cuál de todos mis cuerpos me estará hablando este tipo?
¿Del que fue, del que es o del que se avecina?
La verdad, hasta él mismo lo admite,
es más fácil para cualquier tipo no hacerse mucho problema
por pelos, canas, calvicie, panza, marcas del tiempo en el cuerpo y la cara...
Gorra con onda, anteojos de sol, barba freudiana, prolijita y arreglada, y listo.
Todo eso está bien visto: fijate vos que a las minas nos resultan atractivos.
Yo añoro a aquella que fui hace un tiempo, no tanto,
sólo unos años, esos que pasan volando
- como aun escucho decir a las viejas de la familia...
Añoro a mi prístino rostro, mi largo cabello rubio, mis ojos y su mirada,
mi baile con piernas firmes, mis senos erguidos, asibles,
mis brazos torneados de ir tanto a aquel gimnasio
que ahora, en la postpandemia, quedó cerrado.
a esa que, en cualquier esquina, ganaba piropos y bocinazos
miradas, piropos, bocinas que, ahora, liga mi hija, a quien adoro,
cuando a mi lado camina, muy de vez en cuando, claro,
por tener su rutina de estudios, novio, gimnasio y eternas salidas.
Mientras que yo aquí, enojada, sola y de madrugada, escribo
en el nido vacío, entre las prendas que ella dejó sembradas por toda la casa.
- ¡Así es la vida, Señora mía!
Y antes de terminar la llamada,
al final de una consulta de unos 40 minutos,
la ansiosa paciente pregunta, inocente y genuinamente:
- ¿Y cuánto demoran en hacer efecto todos estos remedios?
¿No se receta algún fármaco para la apropiación del cuerpo, Doctor?
Algo para derrotar a esta sensación corpórea de alma quebrada,
aunque resulte invisible, aunque pocos la comprendan y casi nadie la perciba.
viernes, 9 de septiembre de 2022
Subjuntivo
Debería quitarme el Subjuntivo,
ese modo sutil y complicado
Del color de febrero
Tanto afán por perdurar,
tanto brindar y celebrar
— mi plegaria en el silencio — :
y es del color de febrero.
(Fuego y agua: aquí van mis tres deseos...)
Que me asista la humildad
de estar siempre bien parada
para recibir la oleada.
Que la fuerza de mi viaje
sea un prisma singular.
Que en el libro que yo escriba
nunca editen mi destino,
que nada haya de ejemplar
en mi propio capítulo,
ni se espere un gran final.
Yo soy
Yo soy.
Comienzo los días
de una vida que, a ratos, se me hace vacía
intentando no identificarme
con aquello que el mundo
dice que yo soy,
con lo que lleva sello en mi documento,
en todos mis diplomas,
en mi libreta roja de casamiento,
en mi negro registro de conductora
de un vehículo que yo ni siquiera conduzco,
y que no deseo poseer para probar que soy.
Yo soy.
Puedo enumerar una larga lista
de habilidades, de capacidades y de derroteros:
lenguas, palabras, alhajas,
empleos,
nombres, lugares, pinturas,
sabores, olores, colores,
árboles, poemas, todas las canciones
que me subyugaron,
que me prometieron
muchísimo más de lo que me dieron,
y esta soy yo: yo soy la que escribe su definición.
Yo soy.
Yo no soy aquello que decido ser.
Yo no soy aquello que adoro hacer.
Yo no soy quien otros creen que yo debo ser.
Y sé muy bien quien soy,
aunque yo no tenga una definición.
Soy un núcleo líquido en el que navego
cuando la marea de esta vida adulta
por fin se sosiega, por fin se me aquieta,
cuando el flujo cede en honda sintonía con mis propias lunas,
y puedo gozar en mis aguas mansas,
y puedo ser yo en mis playas blancas, desnuda.
Entonces me paro frente a mis espejos
y me veo en todo lo que ahora descreo:
esa imagen vana, que es sólo un reflejo,
y todas las premisas que se me han dispuesto
para ser quien soy,
Adopción de nombre
Llego a Borges,
le entro,
derrito el miedo:
alegremente me pierdo
en ese laberinto del espejo,
me embriago de Arquetipos y Esplendores,
me lleno los pulmones de eucaliptos,
arribo al otro lado del ocaso,
me encuentro con un sueño sepultado:
detrás de los reflejos, presiento que ese Borges me ha nombrado.
Me fugo al mar, la invoco a mi Alfonsina,
acaricia la espuma mis talones,
evoco a quien mi nombre me ha legado
y grito, en el romper de un nuevo oleaje, en el despunte del otoño de mis días,
“Madre, Vos, con mi nombre, te has equivocado.”
Desde hoy, si él llama, diganle que yo a mi nombre lo he cambiado,
que no pienso irme a dormir, no todavía,
que, a pesar de todas las heridas, aún tengo sed y hambre de vida,
que este es apenas mi bautismo de sal en la Poesía,
y que, desde hoy, en Libertad, de pie, a viva voz, decreto Yo que mi nombre es Alfonsina Borges.
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Una mujer sola
jueves, 21 de octubre de 2021
Clavel del aire
Como clavel del aire
me hago del viento,
nado en el tiempo,
fucsia y violácea,
desraizada,
como colgando
de la corteza
áspera y hueca
de lo aéreo,
de lo etéreo
de todo aquello
que doy
por muerto.
Clavel del aire:
¡Llevame lejos!
Huyamos juntos,
como dos huérfanos,
de nuestros nombres
de nuestra sangre:
ya nadie llama...
Y mi llamado
aire con sangre,
lágrima y viento,
es el de la huida
de esta herida
fucsia y violácea.
lunes, 11 de octubre de 2021
Nos vamos a ir dejando
Nos vamos a ir dejando,
aunque sea por un tiempo:
tus promesas siempre
se me hacen tan esquivas.
¡Dejame ser realista, te lo pido!
Sos una de esas figuritas difíciles:
cuanto más quiero asirte,
más te alejás de mí,
al intentar medirte,
me aburro y me frustro sin medida,
cuando busco llenarme de vos,
quedo vacía de mí,
sola, fría, en la calle,
en Pampa y la vía.
Cuanto más te rehúyo
más me hacés falta.
Sos como un tren que corro
y se me escapa en la distancia,
el convite a una cita
que siempre queda postergada.
Mil veces me dijeron
que no eras para mí,
y yo misma noto
lo extraña que resulta
tu presencia en mi vida...
Debería ser pragmática:
que, para juegos, yo ya estoy grandecita...
Al pan, pan, y al vino, vino.
Y listo.
Basta ya de imágenes
y metáforas forzadas.
Me buscás cuando a vos te viene en gana -
y eso no es justo -,
siempre a las horas más inoportunas...
Me sacás de la cama aún con sueño,
me eludís con la rutina cotidiana,
siempre parece que hay algo
más importante, más urgente
que el deseado encuentro,
y entonces te me vas por la tangente...
De noche me venís como en tibias bocanadas,
me mantenés despierta y expectante,
te presto oído atento,
te abro el pecho,
me desnudo de mi identidad mundana,
te fantaseo como loba en luna llena,
aúllo en el desierto,
me pongo en celo,
bajo la luz, enciendo velas, me desvelo,
te dedico mi música romántica,
tengo, de hecho, varias playlists hechas en tu nombre,
ardés en el fuego de mil y un inciensos,
te presiento en el perfume de todas mis fragancias,
te hago té de vainilla con canela hasta de madrugada,
y, aún así, cuando deseo tenerte,
te escapás de mí con alguna excusa vaga:
que este no es el momento,
que por acá no es, que así no va,
que esto no puede ser,
que no parece prudente ni correcto,
que el mundo ni se entera,
que nunca cambia nada,
que esto no nos dará nada
más que llenar el ocio
o, peor aún, pagar mi propio ego,
que ya pasó de moda
o que no hay nada original en todo esto,
que hay otros y otras, más relevantes,
más hondos, que calan hasta el hueso,
que ellos antes ya fueron un suceso,
y que están los más osados y geniales
que seguro vendrán después de esto:
mirá qué bien lo hacen,
qué bien les va,
mucho mejor que a vos y a mí,
después de tanto, y después de todo,
que ya pasó nuestro mejor momento,
que el horno no está para bollos
ni hoy, ni nunca...
Y es así como me voy despedazando,
me decepciono, me reprocho
el amarte tanto aunque me des tan poco,
me canso de perseguirte hasta en los sueños,
de querer fundirme yo en tus pasos
en camisón, descalza, hasta en los techos,
el buscarte en cada amanecer por mi ventana,
en la penumbra del rincón más íntimo y secreto,
y de luego perderte sin querer
en el primer renglón ni bien abro los ojos...
Me hastía que me hagas sentir inadecuada,
insuficiente, bizarra, anticuada,
pretensiosa, fantasiosa, remilgada,
fuera de mi propio espacio y de mi tiempo,
una loca incomprendida, una ridícula, una desubicada.
Así que acá plantemos, te lo ruego.
No me busques más,
mi querida Poesía:
que en mi rosal siempre sobran las espinas
para que anide tu Rosa adorada.
domingo, 22 de agosto de 2021
Sombra
No necesito ya las fotos de antes
para en tu memoria honrarte,
ni el olor de tu piel entre tus prendas.
No necesito tus rosarios ni tus huellas,
ni la tersura de tu mano amada
en la mía, vencida, acurracada.
Te sé viva y libre en otro espacio,
en un lugar azul sin rosas, sin espinas,
en un tiempo sin reloj ni calendarios,
donde nada te agita ni te angustia,
donde nadie te grita ni te busca,
y donde no hay ventanas sino puertas.
No sé muy bien dónde ni cuándo,
de qué manera o en qué tacón de esquina
yo volveré a encontrarme con tus pasos:
voy a seguirte, Sombra, como en sueños,
nos volveremos a tomar del brazo,
no iremos ya a llorarnos a una misa.
Seremos libres juntas, ya no Sombra...
Y mientras tanto, ya no te rezo yo,
mientras, corren los ríos y los trenes
mientras, se arruga mi piel,
y el tiempo, impaciente gusano,
mancha mis manos como lo hizo con las tuyas.
La luz hace que en reflejos me visites:
yo te tengo por siempre en cada ocaso,
en cada uno de mis amaneceres desvelados,
en mi baile de adulta, en mi cocina y en mi canto,
en mis prendas amplias y turquesas, en mi risa
y en la Sombra que antes nos asustaba tanto.
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" Sueño y su hermanastro Muerte" John William Waterhouse Dicen los que saben del arte del bue...
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Había nacido su primogénito varón. Emergía por vez primera del encierro invernal al que la habían confinado los cálidos cuidados que re...
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Supo que era escritor aquel día de lluvia en el que, sentado en pijama frente a su ordenador, constató por primera vez que había l...


















