Powered By Blogger

jueves, 19 de febrero de 2026

Sutilezas de la lengua


         


Se citaron en un café del centro después del trabajo. Él le dijo que lo de él eran los números. Ella, rotunda, retrucó:


- Lo mío es la lengua.

Restándole importancia a esa oración simple con verbo copulativo y predicativo obligatorio, él agregó que, matemáticamente hablando, ella era la suma de todos sus deseos. Ella se fue por la tangente mirando intensamente su boca en espera de otro número. 

Por una de esas innumerables sutilezas de la lengua, él no la calculó del todo bien: fue una de esas ecuaciones mal planteadas que no tienen solución.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Vuelvo a ser yo





Hace un tiempo si me encontrabas 

iba a ser una persona mirando hacia el pasado, 

hurgando en las heridas de toda una vida,

con pocas ganas de empezar los días.

un manojo de ansiedad y descontento.


Hoy si me encontraras

verías a una persona con un presente pleno,

disfrutando de las pequeñas grandes cosas de la vida,

compartiendo mis momentos con los que valen de mi familia,

la que armé y la que creo con aquellos que yo elijo.


Es necesario aclarar

que no intento dar consejos,

pero si tu cielo se llenó de nubes negras,

que no te quepa duda,

se puede atravesar cualquier tormenta solo abriendo las ventanas.


Vuelvo a ser yo,

vuelve A boca de jarro II.



martes, 10 de febrero de 2026

Subjuntivo


                                                                         Debería quitarme el Subjuntivo,

ese modo sutil y complicado
de querer el calor cuando hago frío,
de preferir tu seco a mi mojado
y de añorar aquello que no ha sido
desperdiciando así mi Indicativo.


Debería quitarme de los labios
la expresión cotidiana del deseo
que a una magia falluta subordino,
todo eso que cuelgo del destino
para cuando de cambio sople el viento 
haciendo impersonal a mi albedrío. 


Debería empezar esta mañana 
abonando la tierra de esto tengo,
desmalezar a mi jardín del ojalá,
con mis muertos enterrar a mi pasado, 
asumir que mis miedos son mis riesgos 
y desterrar como hereje a la esperanza 


de ser otra en el tiempo, de otra horma, 
una mujer sin nido pero alada,
una que vuela más alto y ve más lejos...


Yo debería, vida, mas no puedo:
el deseo es el as bajo mi manga...
Es que llevo al Subjuntivo en el alma.

viernes, 30 de enero de 2026

Florece el cactus

                                                                    


                                               


                                             En el silencio

la lluvia tumba al jarro:
hoy soy verano.

En mi jardín 
las flores mueren,
florece el cactus.

Hecha una pena,
enferma, 
llegó su planta.

Sobre las piedras
heridas del pasado
habrán sanado.

Melancolía,
que todo lo cubría,

 la he arrancado.

La luna nueva
anuncia en el cielo
un tiempo nuevo.

sábado, 24 de enero de 2026

El perfume de Dios

                                                    


                                                 


                                                     "Amas lo justo y odias lo que es malo;

                                                      por eso, Dios, tu Dios, te dio a ti solo

una unción con perfumes de alegría

como no se la dio a tus compañeros.

Mirra y áloe impregnan tus vestidos,

el son del arpa alegra tu casa de marfil." 

Salmos 45: 8 -10, La Biblia Latinoamericana.



   Caminando por la calle Tacuarí, en pleno centro porteño y en medio de un calor arrebatador, me encontré con un pituco local de esencias, fragancias, aceites y difusores aromáticos para ambientes, y una fila de personas en la puerta de acceso al negocio, todas con una bolsa entre las manos con la letra "E" impresa sobre ella. Como no es nada difícil tirarle de la lengua a un porteño, sobre todo cuando está practicando su deporte favorito, que, sin lugar a dudas, es hacer cola, me acerqué a una señora de cabellos blancos y le pregunté qué regalaban en el negocio.

-Regalar no regalan nada. Cobran bien caro... Esperamos para que nos cambien estos difusores. Cuando los compramos, nos hicieron oler la fragancia de un tester, y el perfume era riquísimo y bien persistente. Pero al llevarlo a casa, a todos nos pasó lo mismo: las varillas no huelen a nada...  ¡Una estafa!

- ¿Y cuál es la fragancia? - pregunté, curiosa.

- Alegría. - me soltó, muy apenada.


Camino a la parada de colectivo, se me ocurrió pensar que toda esa gente haciendo cola o bien está desesperadamente deprimida o nunca debe haber pasado por una depresión en su vida. Recordé también alguna vez haber leído en un libro muy, muy amarillo, arrugado y perfumado, sobre fragancias y trucos para hacerlas perdurar, que el aroma de la alegría - de enérgicas notas cítricas, avainilladas y florales - se evapora ante el menor intento de comprarlo o de venderlo, ya que es la única fragancia del universo que no tiene precio. Las narices del mundo perfumero dicen que se asemeja al aroma que se desprende de entre los pliegues de la piel de un recién nacido. Algunos lo llaman "el perfume de Dios". Quienes alguna vez lo hemos perdido para volver a encontrarlo en las cosas de todos los días sabemos bien cómo huele y sabemos, además, que no se compra en frasquito.