Me desperté hamacándome en el fresco aroma de pinos y eucaliptos.
Desayuné en alas de golondrinas, gorriones y calandrias.
Llegué hasta el mar montada en un remolino soleado de viento y sal,
dejando atrás esa manía mía de caminar mirando todo lo que piso.
Me elevé hasta el cielo salpicado de nubes de espuma y bruma.
Y me senté en la arena tersa sintiéndome sanada
y por fin con ganas de escribir unas leves palabras
después de años de no hilar ni una sola línea.

