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domingo, 8 de marzo de 2026

Espléndida edad

 


Espléndida edad, en la que me pierdo

y no sé muy bien ni qué edad tengo,

pero sí sé que estoy un paso más lejos

del mero detalle en mi documento.


Espléndida edad, en la que decido

colgar los tacones de zapatos viejos,

llevar uñas cortas, el pelo más corto,

mojarme, si llueve, y no usar piloto.


Espléndida edad, que me trajo anteojos

-me dicen que así se logra ver todo-

aunque, contra la sapiencia de mi oftalmólogo,

mi vista es mejor aun sin anteojos.

 

Espléndida edad: escucho y no oigo,

escucho también los discos de ayer,

visito los sueños del no-pudo-ser(y lo entiendo todo!!!)

canto y bailo sola con estilo propio.

 

Espléndida edad, en la que no salgo a comprar,

en la que no paso un helado por no engordar;

las miradas ajenas, más bien me resbalan,

y el qué dirán: ¿qué?: No me dice nada.


Espléndida edad: ¡Ya no estoy en edad!

Lejos de sentirlo como condena,

no lloro por verme distinta al espejo:

casi ni lo miro, ni vendo mi alma por el forever-young.

 

Edad en la que, se cree, ya no me-reces nada.

Me dicen: -Perdón, Reina mía, estás sobre-calificada...

- Te entiendo, - contesto -, ¡qué triste verdad!

Yo pensaba lo mismo de mí a los treinta... (Por Dios... ¿Qué hago yo acá?)

 

¡Espléndida edad!

 

Porque exijo lo justo, porque armo mi juego,

porque no me contento con ser veterana

de guerras pasadas, de guerras ganadas,

de guerras perdidas: quedarme con las ganas...


¡Yo quiero ir por mas! A mi espléndida edad,

yo no me contento con estar en Facebook,

ser madre y esposa abnegada,

tía y, en cualquier momento, al paso que vamos, abuela también...

Muy lindo todo eso. ¡Yo vengo primero!

Y no cerré el libro de todos mis sueños:

a mí se me hace que estoy en el prólogo

o -como dicen ahora- que todo es precuela.

 

Y veo - y no compro - en revistas baratas

que fulana de tal espléndida está,

silueta de avispa, la panza, una tabla,

un novio de treinta, las tetas infladas.

 

Ni una sola arruga - qué feo que es eso...

 Se borran las marcas de ciclos vividos,

 se inflan con botox, se fingen los gestos,

se pierden los mapas de lo bien habido.

 

Ni siquiera la juzgo a la infeliz fulana,

sólo siento lástima: la vida es tan corta

para, en un quirófano, ir a empeñarla.

 Prefiero los dientes con color a dientes.

 

Y ahora te cuento sobre mi exorcismo 

para este demonio de quedar varada 

en la irrealidad de lucir de veinte

que a nadie jamás favorece:

 

silenciosamente, y de madrugada,

celebro mi vientre, mis pechos caídos,

mi frente marcada, las manchas del sol,

las várices y estrías de mis embarazos.


¡Qué suerte la mía!


Celebro alumnos, hijos florecidos,

celebro ese cielo de mis caminatas,

celebro los treinta que quiero cumplir de empleada

para jubilarme y viajarme la vida,

 

criar orquídeas, construir un estanque,

contemplar amaneceres desde mi ventana,

desterrar al despertador 

y tomar el desayuno siempre en la cama.

 

Y con ese sencillo pase de magia

yo me siento espléndida hoy...

¿Qué importa mañana?

Mañana, ¿Quién sabe? Tal vez ya no estoy...

Amor de pies




"... la mujer que tiene los pies hermosos


sabe vagabundear por la tristeza."



Mario Benedetti, "Pies hermosos" (Fragmento)









No había sido agraciada 
con cinturita de avispa,
por alta no destacaba,
sus pechos no bamboleaban,
al irse no deslumbraba,
sus cabellos no danzaban,
sus ojos no encandilaban.

¡Pero Dios sí le había dado
unos pies que eran un canto!
De sus pies quedó él prendado,
se quedó anonadado:
la desnudó sin tocarla,
sólo con puro mirarla,
al descalza descubrirla.

De refilón un buen día
desde la vidriera fría
la vio en la zapatería
en el preciso momento
en el que descalzó sus pies;
sin olerla, sin rozarla,
la amó parada y en pata.

Un amor de pies preciosos,
- tentadores como frutos -
libre de todo prejuicio:
amor plantar, amor podal.
Se enamoró de sus pies
perfumaditos, sedosos,
redondeados y carnosos.
¡Mujer de pies asombrosos!

jueves, 19 de febrero de 2026

Sutilezas de la lengua


         


Se citaron en un café del centro después del trabajo. Él le dijo que lo de él eran los números. Ella, rotunda, retrucó:


- Lo mío es la lengua.

Restándole importancia a esa oración simple con verbo copulativo y predicativo obligatorio, él agregó que, matemáticamente hablando, ella era la suma de todos sus deseos. Ella se fue por la tangente mirando intensamente su boca en espera de otro número. 

Por una de esas innumerables sutilezas de la lengua, él no la calculó del todo bien: fue una de esas ecuaciones mal planteadas que no tienen solución.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Vuelvo a ser yo





Hace un tiempo si me encontrabas 

iba a ser una persona mirando hacia el pasado, 

hurgando en las heridas de toda una vida,

con pocas ganas de empezar los días.

un manojo de ansiedad y descontento.


Hoy si me encontraras

verías a una persona con un presente pleno,

disfrutando de las pequeñas grandes cosas de la vida,

compartiendo mis momentos con los que valen de mi familia,

la que armé y la que creo con aquellos que yo elijo.


Es necesario aclarar

que no intento dar consejos,

pero si tu cielo se llenó de nubes negras,

que no te quepa duda,

se puede atravesar cualquier tormenta solo abriendo las ventanas.


Vuelvo a ser yo,

vuelve A boca de jarro II.



martes, 10 de febrero de 2026

Subjuntivo


                                                                         Debería quitarme el Subjuntivo,

ese modo sutil y complicado
de querer el calor cuando hago frío,
de preferir tu seco a mi mojado
y de añorar aquello que no ha sido
desperdiciando así mi Indicativo.


Debería quitarme de los labios
la expresión cotidiana del deseo
que a una magia falluta subordino,
todo eso que cuelgo del destino
para cuando de cambio sople el viento 
haciendo impersonal a mi albedrío. 


Debería empezar esta mañana 
abonando la tierra de esto tengo,
desmalezar a mi jardín del ojalá,
con mis muertos enterrar a mi pasado, 
asumir que mis miedos son mis riesgos 
y desterrar como hereje a la esperanza 


de ser otra en el tiempo, de otra horma, 
una mujer sin nido pero alada,
una que vuela más alto y ve más lejos...


Yo debería, vida, mas no puedo:
el deseo es el as bajo mi manga...
Es que llevo al Subjuntivo en el alma.

viernes, 30 de enero de 2026

Florece el cactus

                                                                    


                                               


                                             En el silencio

la lluvia tumba al jarro:
hoy soy verano.

En mi jardín 
las flores mueren,
florece el cactus.

Hecha una pena,
enferma, 
llegó su planta.

Sobre las piedras
heridas del pasado
habrán sanado.

Melancolía,
que todo lo cubría,

 la he arrancado.

La luna nueva
anuncia en el cielo
un tiempo nuevo.

sábado, 24 de enero de 2026

El perfume de Dios

                                                    


                                                 


                                                     "Amas lo justo y odias lo que es malo;

                                                      por eso, Dios, tu Dios, te dio a ti solo

una unción con perfumes de alegría

como no se la dio a tus compañeros.

Mirra y áloe impregnan tus vestidos,

el son del arpa alegra tu casa de marfil." 

Salmos 45: 8 -10, La Biblia Latinoamericana.



   Caminando por la calle Tacuarí, en pleno centro porteño y en medio de un calor arrebatador, me encontré con un pituco local de esencias, fragancias, aceites y difusores aromáticos para ambientes, y una fila de personas en la puerta de acceso al negocio, todas con una bolsa entre las manos con la letra "E" impresa sobre ella. Como no es nada difícil tirarle de la lengua a un porteño, sobre todo cuando está practicando su deporte favorito, que, sin lugar a dudas, es hacer cola, me acerqué a una señora de cabellos blancos y le pregunté qué regalaban en el negocio.

-Regalar no regalan nada. Cobran bien caro... Esperamos para que nos cambien estos difusores. Cuando los compramos, nos hicieron oler la fragancia de un tester, y el perfume era riquísimo y bien persistente. Pero al llevarlo a casa, a todos nos pasó lo mismo: las varillas no huelen a nada...  ¡Una estafa!

- ¿Y cuál es la fragancia? - pregunté, curiosa.

- Alegría. - me soltó, muy apenada.


Camino a la parada de colectivo, se me ocurrió pensar que toda esa gente haciendo cola o bien está desesperadamente deprimida o nunca debe haber pasado por una depresión en su vida. Recordé también alguna vez haber leído en un libro muy, muy amarillo, arrugado y perfumado, sobre fragancias y trucos para hacerlas perdurar, que el aroma de la alegría - de enérgicas notas cítricas, avainilladas y florales - se evapora ante el menor intento de comprarlo o de venderlo, ya que es la única fragancia del universo que no tiene precio. Las narices del mundo perfumero dicen que se asemeja al aroma que se desprende de entre los pliegues de la piel de un recién nacido. Algunos lo llaman "el perfume de Dios". Quienes alguna vez lo hemos perdido para volver a encontrarlo en las cosas de todos los días sabemos bien cómo huele y sabemos, además, que no se compra en frasquito.






lunes, 12 de enero de 2026

El pintor, René

                                                                         




      Estaba ya de vuelta de mi caminata por el parque retomada recientemente, cuando me encontré con un grupo de personas alrededor de un hombre mayor en su silla de ruedas. Al verme venir, el señor me llamó. Incrédula e intrigada, me acerqué lentamente. 

_ Tomá, querida. Esto es para vos.

En sus manos había dos pilas de láminas con pinturas que me explicó él regalaba. Y yo había sido una de las elegidas del día. Sus manos parecían ser lo único que el señor podía mover todavía.

_¿Cuál es su nombre?, conmovida, le pregunté.

_ Mi nombre es René y soy el mejor pintor de la Argentina.

Tomé una lámina al azar y solté un "Que Dios lo bendiga" , aunque ya hace tiempo que a Dios lo olvidé.

René me remite a Rembrandt y Renoir, dos de mis pintores favoritos. Y no cabe duda de que René, en su llama encendida y su fe en su talento, aún estando enfermo y viejo, es el mejor pintor de todos los tiempos que anda en su silla dando lecciones de vida a todos los bendecidos que, como yo ese día, se quedan con una de sus pinturas. 

     



En honor a René Oscar Esquivel. Artista Hiperrealista, Pintor Arg. de L. del Mirador, Bs. As.  

lunes, 5 de enero de 2026

Sanación







Me desperté hamacándome en el fresco aroma de pinos y eucaliptos.

Desayuné en alas de golondrinas, gorriones y calandrias.

Llegué hasta el mar montada en un remolino soleado de viento y sal,

dejando atrás esa manía mía de caminar mirando todo lo que piso.

Me elevé hasta el cielo salpicado de nubes de espuma y bruma.

Y me senté en la arena tersa sintiéndome sanada 

y por fin con ganas de escribir unas leves palabras 

después de años de no hilar ni una sola línea.

viernes, 20 de octubre de 2023

Ars Moriendi

                           "Sueño y su hermanastro Muerte"

John William Waterhouse

      Dicen los que saben del arte del buen morir que hay personas que no mueren hasta que uno de sus seres mas amados se aleja del lecho de muerte. Yo, todavía, muchas veces me pregunto por qué te fuiste sin que yo estuviera sosteniéndote la mano en el momento de partir de este mundo a un lugar mas digno para vos. ¿Habrá sido mi propia cobardía, mi aprehensión a la muerte, mi incondicional amor por vos o las circunstancias que se sucitaron alrededor de aquel momento? Y me consuela pensar que tal vez lo que dicen los que saben sea cierto. Ellos lo llaman Ars Moriendi. Ahora queda ir reaprendiendo el arte del buen vivir...


viernes, 13 de enero de 2023

Luminiscencia



   Había nacido su primogénito varón. Emergía por vez primera del encierro invernal al que la habían confinado los cálidos cuidados que requería un bebé de bajo peso, pero lo hacía en auto para trasladarlo a su primera visita con su pediatra. Miraba hacia afuera, luego de un tiempo que se le había hecho eterno por tan poco sueño y tanto aprendizaje, un tiempo intenso de mirar hacia adentro, hacia las entrañas de su maternidad, que reflejaba alma pura en todos los espejos. Miraba con asombro por la ventana del coche con el bebé en sus brazos envuelto en mantas celestes que olían a cielo, luego del rito iniciático de haberlo entalcado y perfumado para parirlo ahora al mundo exterior en un día sombrío de fría lluvia espesa. Observaba con atenta curiosidad a todos los que iban y venían sumergidos en sus rutinas de trabajo o de obligadas compras bajo sus paraguas grises. Y, de pronto, los paraguas, los maletines y las mochilas, las bolsas de compras, los zapatos mojados, los cuerpos, sus rostros y sus ojos extasiaban su miradada de iluminada mística postnatal con el brillo de un aura que desprendían y que a todos elevaba sobre las calles mojadas. Era como si lo cotidiano conocido traspasara las fronteras de lo físico y material y lo dejara suspendido en la tenue luz de ese aura que lo envolvía. Y al mirar, sólo ella veía con asombro todo aquello que se le hacía espiritual, tal como ella misma se sentía devenida madre y reflejada en los espejos. Todo se había convertido en pura luminiscencia en la húmeda grisura de las calles que recorría como por vez primera, con la misma intensidad de la primera mirada turquesa de su hijo recién nacido clavada en en el ambar de los suyos bajo la tenue luz de la sala de partos.

                                                                                                      13/1/1937     In Memoriam

miércoles, 11 de enero de 2023

Epifanía

   



   Supo que era escritor aquel día de lluvia en el que, sentado en pijama frente a su ordenador, constató por primera vez que había logrado hacer de una ineludible mentira una bella y creíble verdad. Hasta entonces sólo había conseguido narrar prolijamente su puñado de verdades de perogrullo. Pero esto era diferente, era inaudito. Supo que era escritor y que ya no le importaba la verdad ni la mentira ni vestir más que su pijama. Supo que el despertarse de madrugada con las manos pesadas de ladrillos para construir castillos de palabras era algo que le iba a suceder con frecuencia, aunque no sabía a ciencia cierta con cuánta, y eso lo angustiaba más que la carga. Supo que el ir a todas partes armado de anotador y bolígrafos iba a ser su perpetua condena a la rareza. Supo, en lo más encendido de su ser, que esa vocación por vivir calzándose zapatos ajenos para hacer propias las historias que otros andaban era su camino, aunque el andarlo no lo conduciría a ninguna parte. Ese era su destino manifiesto, algo infinitamente menos importante que el inenarrable placer de escribir. Supo que aunque su nombre no quedara impreso en los anaqueles del tiempo siempre se imaginaría leído y acompañado cada vez que llegara a la mitad de ese cigarro con el que se premiaba en solitario luego de acabar de vaciarse del escritor. Se supo escritor y dueño absoluto de la locura necesaria para caminar en pijama por las cornisas resbaladizas en días de lluvia como aquel, clamando por el canto de las musas para hacer de su ineludible verdad una bella y creíble mentira.


miércoles, 4 de enero de 2023

Sempiterno

     


    Vi a Laura parada bajo el sol del mediodía en la esquina a punto de cruzar la calle, tal vez por primera vez después de aquella tarde de gemidos ahogados en desesperada incredulidad, emergiendo de la tumba en la que se había convertido su departamento en planta alta, ahora que su vida era una noche larga e insomne, ahora que su celda era la de una prisionera más del duelo, siempre oscura y fría por las ventanas cerradas y persianas bajas que rechazaban el aire y la luz de la tortura que implicaba cada nuevo día. Se habría forzado a salir después de meses, tal vez en el intento futil de adquirir los alimentos que no podría cocinar con manos temblorosas y que no podría pasar sentada a la mesa de la ausencia. Lucía delgada y débil, como si se le hubieran venido diez años encima, con el cabello crespo y la raya cubierta de canas que antes se empeñaba en tapar. Caminaba lento y torpemente, adormecida por pastillas. No era ni la sombra de la mujer atónita e impotente de aquella tarde del día en el que la había encontrado en la puerta de su casa sin poder creer que la maldita muerte había arrebatado de su vida a su marido sin previo aviso al desplomarse en la cancha de tenis de un ataque fulminante al corazón. 

  Aquella tarde en la que había notado movimientos raros y escuchado sus gritos de agonía, salí a la calle y la encontré aturdida. Acababa de recibir la noticia por celular. Se agarraba la cabeza, tapando sus ojos rojos, estallados en lágrimas de furia, y refregaba sus manos heladas que tomé en un intento vano por consolarla y ofrecerme a asistirla en lo poco que se podía hacer. Los que dicen saber de duelos hablan de las distintas etapas por las que se va pasando a través del tiempo calculado en meses y años antes de cronificarse y convertirse en enfermedad. Mi vecina parecía enferma, detenida en el largo tiempo transcurrido, paralizada en un estado sempiterno de depresión, sin fuerza alguna para llegar alguna vez al puerto de la liberación que, según los que saben de estas cosas de la muerte, implica la mansa aceptación de la pérdida: la de una seguridad de vida de a dos al prometerse compañía tanto en la salud como en la enfermedad, aunque la muerte jamás logra separar. El ver a Laura bajo el sol aquella mañana en la que me animé a emerger de casa, fue como ver el pálido reflejo de mi incapacidad por cortar con mi sempiterno cordón umbilical.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Una mujer sola en Navidad

                                                        



                                                               (Basado en hechos reales)


Una mujer en la barra de un bar,
como un osado desnudo:
un espectáculo digno de admirar
para todo solitario empedernido,
 una invitación a adivinar
qué será lo que hasta aquí la ha traído.

Una mujer, un claroscuro a pintar,

entre tanto borracho sin sentido,
tiene más que una pena que olvidar
del dolor que le causa un ser perdido
que en las sombras insiste en perdurar,
sentada y sola, mujer en llanto enmudecido.

El barman, silencioso y singular,
iniciado en las artes celestiales del batido,
el veneno indicado ha de mezclar
siendo su fuerte el pasar inadvertido.
- Señora, dígame: ¿Qué va a tomar?
Imagino que lo va a querer helado...


 - Si fueras yo, ¿Qué elegirías para tomar,
si saltear estas fiestas fuera tu cometido?
 Que sea algo que me ayude a olvidar
 tanto deseo de felicidad remanido
que no me haga sentir tan fuera de lugar:
algo fuerte y bien servido...

Nada mas.

sábado, 3 de diciembre de 2022

Sigue tu destino

FRAGMENTO DE UN POEMA DE FERNANDO PESSOA
(traducido del portugués 
en versión personal)

     SIGUE TU DESTINO

 Sigue tu destino,
Riega tus plantas, 
Ama tus rosas.
El resto es la sombra
De un árbol vecino.

La realidad
No siempre 
Es aquello que anhelás.
Ya no seré nunca
La misma que era.

viernes, 28 de octubre de 2022

Ansiedad



     En la última sesión, le pregunté por la razón de tanta ansiedad. Y él me dio una explicación que me puso aun mas ansiosa por la mera razón de que estoy ansiosa por sentirme mejor lo mas pronto posible:

 La ansiedad se relaciona con factores genéticos, ambientales y personales. Los factores personales se basan en experiencias acumuladas a lo largo del desarrollo evolutivo del individuo... 

   Y a la mañana siguiente, al comenzar el día ansiosamente, como suele ocurrirme últimamente, me encontré en el patio, cubriéndose del sol de primavera, con esa niña que hace mucho tiempo fui, abatida por tanto maltrato, por tanta desconsideración por su condición de niña. A la luz del despuntar de otro día mas de ansiedad adulta, visualicé escenas de mi niñez, cuando florecía como las plantas y el árbol en las macetas a mi alrededor. Mi gato se mostraba sereno y plácido, recostado en un rincón soleado, haciéndome desear ser gato...




    Recordé entonces el uniforme del colegio de monjas al que asistí toda mi infancia y mi adolescencia, esas medias verdes hasta las rodillas que cubrían la realidad de que todas éramos únicas y diferentes, mientras se nos vendían Barbies al precio del deseo inalcanzable de encarnarlas algún día. Recordé a mi madre ansiosa por trenzar mi cabello para cumplir con la regla del cabello recogido. Recordé la rigidez de las filas, de la persignación y las plegarias al unísono al comenzar cada jornada escolar, de aquellos horarios inamovibles marcados por un timbrazo que tejían una rutina, que se detesta cuando se impone y se añora cuando no está. Recordé la amargura y el autoritarismo inflexible en los rostros de aquellas monjas que nos educaban en el cumplimiento académico a rajatabla a fuerza de tacharnos en rojo sangre, y en el temor a un Dios que nos castigaba y nos podía condenar al mismísimo Infierno, negándonos el Cielo, a un Dios que tragábamos en hostias tan blancas como el vestido de Primera Comunión. Nuestro único pecado inconfesable era no entender nada de todo aquello.

     Se me vino a la cabeza aquella travesura de meternos sin permiso en la capilla de ese oscuro y frío colegio porque se rumoreaba que uno de los Ángeles guardianes que flanqueaban el altar  -cerca de las reliquias óseas del Santo fundador de la congregación que me causaban tanta aprehensión-, movían sus ojos si los mirábamos un rato largo, al pobre Cristo sangrante clavado en la cruz, y conecté con el miedo y la humillación, con el sentirme a punto de orinarme encima, al ser llevada a la dirección para ser sermoneada por la Hermana Rectora por haber quebrantado las reglas de entrar al espacio prohibido y mas tentador: la censura disfrazada de obediencia debida de mi escolarización religiosa.

    Tantos "No" en mi casa paterna: no toques eso, no hables en la mesa mientras veo televisión o si estoy hablando yo, no comas tanto, no hagas ruido, no cantes ni bailes a la hora de la siesta, no andes con esos chicos, no vuelvas tarde... Y nunca me digas que no. A plena luz vi la sombra de lo que se me permitía sin permitirme ser yo.

    Tanto Falcón verde recorriendo las calles -mi territorio de fantasía y libertad -, tantas discusiones políticas en las reuniones familiares que terminaban en gritos y peleas, y mi pobre abuela inmigrante escapada de Franco, dueña de casa, tratando de que se bajara la voz por el peligro de que fuera escuchada. Tantas sospechas de lo peor para aquellos que "desaparecían". Tantas veces que detuvieron la marcha de nuestros recorridos en auto a punta de pistola para inspeccionarlo. Tantas arengas desafiantes de milicos despiadados emitidas por Cadena Nacional.

   Cadenas, negación, sinrazón, cárceles, cicatrices que quedaron en el cuerpo y en el alma de un tiempo que debió ser tierno y amoroso cobijo. Entonces comprendí mejor la explicación acerca de mi ansiedad del día anterior.



jueves, 20 de octubre de 2022

La familia como camino





    Yo soy una mas de aquellos que creen que la familia es lo que nos toca en suerte. No es un camino que nosotros elegimos andar, y hasta a veces hay que elegir abandonar, pagando el peaje con dolor. De todas maneras, entiendo que se hace menester lograr comprender su razón de ser, que no es lo mismo que tener el poder de cambiarla, mas allá de la propia visión de ese camino que nos toca transitar dentro y fuera de esa familia de la que venimos y de la formamos. Esto lo aprendí de un breve librito que estoy releyendo, un libro basado en la idea de la polaridad que todo individuo y familia encarna: somos luz y sombra al mismo tiempo: "Quien mira hacia afuera, sueña, quien mira hacia adentro, despierta",  según las palabras del Maestro Jung.

  El libro en cuestión se titula "La enfermedad como camino". Y en este camino de mi propia enfermedad, de mi propia "disfuncionalidad" - tal como mi propia familia la llama -, en este presente de sentimientos ambiguos, creo haber aprendido algo de esta lectura, aunque siempre queda mucho camino por andar. Los autores, de origen germánico, justamente se nutren del concepto de la polaridad Jungiana, asentado a su vez en la visión dualista del Ying y el Yang - de origen Taoísta - ,que tantos llevan tatuado en la piel como imagen de moda, tal vez sin comprender del todo de qué se trata. 

  Rescato de esta lectura sanadora una ley denominada "la ley de principio complementario", de acuerdo a la cual:   

"(...) cada parte contiene el todo (Pars pro toto). Teóricamente, la idea es simple, pero su puesta en práctica es ardua, por lo que el ser humano se resiste a aceptarla. (...) el ser humano no puede estar completo, es decir, sano, mientras se inhiba, mientras se resista a admitir algo en su conciencia.

En este universo no hay nada que no tenga razón de ser, pero hay muchas cosas cuya justificación escapa al individuo. En realidad, todos los esfuerzos del ser humano sirven a este fin: descubrir la razón de ser de las cosas - a esto llamamos tomar conciencia- pero no cambiar las cosas. No hay nada que cambiar ni que mejorar, como no sea la propia visión.


Sabiduría, plenitud y toma de conciencia significan: poder reconocer y contemplar todo lo que es en su forma verdadera."

Es este el camino que siento estar recorriendo a paso muy lento, y el que, a veces, se me hace un túnel eterno, un oscilante claroscuro, casi tan circular como el ciclo vital.





domingo, 16 de octubre de 2022

Subjuntivo



Debería quitarme el Subjuntivo,
ese modo sutil y complicado
de querer el calor cuando hago frío,
de preferir tu seco a mi mojado
y de añorar aquello que no ha sido
desperdiciando así mi Indicativo.


Debería quitarme de los labios
la expresión cotidiana del deseo
que a una magia falluta subordino,
todo eso que cuelgo del destino
para cuando de cambio sople el viento 
haciendo impersonal a mi albedrío. 

Debería empezar esta mañana 

 abonando la tierra de esto tengo,

desmalezar a mi jardín del ojalá,
con mis muertos enterrar a mi pasado, 
asumir que mis miedos son mis riesgos 
y desterrar como hereje a la esperanza 


de ser otra en el tiempo, de otra horma, 

una mujer sin nido pero alada,

una que vuela más alto y ve más lejos...


Yo debería, Vida, y lo intento:
                                                             el deseo de ese Indicativo
es el presente lo que trato de nutrir cada mañana.