Debería quitarme el Subjuntivo,
martes, 10 de febrero de 2026
Subjuntivo
Debería quitarme el Subjuntivo,
viernes, 30 de enero de 2026
Florece el cactus
En el silencio
la he arrancado.
sábado, 24 de enero de 2026
El perfume de Dios
"Amas lo justo y odias lo que es malo;
por eso, Dios, tu Dios, te dio a ti solo
como no se la dio a tus compañeros.
Mirra y áloe impregnan tus vestidos,
el son del arpa alegra tu casa de marfil."
Caminando por la calle Tacuarí, en pleno centro porteño y en medio de un calor arrebatador, me encontré con un pituco local de esencias, fragancias, aceites y difusores aromáticos para ambientes, y una fila de personas en la puerta de acceso al negocio, todas con una bolsa entre las manos con la letra "E" impresa sobre ella. Como no es nada difícil tirarle de la lengua a un porteño, sobre todo cuando está practicando su deporte favorito, que, sin lugar a dudas, es hacer cola, me acerqué a una señora de cabellos blancos y le pregunté qué regalaban en el negocio.
- ¿Y cuál es la fragancia? - pregunté, curiosa.
- Alegría. - me soltó, muy apenada.
Camino a la parada de colectivo, se me ocurrió pensar que toda esa gente haciendo cola o bien está desesperadamente deprimida o nunca debe haber pasado por una depresión en su vida. Recordé también alguna vez haber leído en un libro muy, muy amarillo, arrugado y perfumado, sobre fragancias y trucos para hacerlas perdurar, que el aroma de la alegría - de enérgicas notas cítricas, avainilladas y florales - se evapora ante el menor intento de comprarlo o de venderlo, ya que es la única fragancia del universo que no tiene precio. Las narices del mundo perfumero dicen que se asemeja al aroma que se desprende de entre los pliegues de la piel de un recién nacido. Algunos lo llaman "el perfume de Dios". Quienes alguna vez lo hemos perdido para volver a encontrarlo en las cosas de todos los días sabemos bien cómo huele y sabemos, además, que no se compra en frasquito.
lunes, 12 de enero de 2026
El pintor, René
Estaba ya de vuelta de mi caminata por el parque retomada recientemente, cuando me encontré con un grupo de personas alrededor de un hombre mayor en su silla de ruedas. Al verme venir, el señor me llamó. Incrédula e intrigada, me acerqué lentamente.
_ Tomá, querida. Esto es para vos.
En sus manos había dos pilas de láminas con pinturas que me explicó él regalaba. Y yo había sido una de las elegidas del día. Sus manos parecían ser lo único que el señor podía mover todavía.
_¿Cuál es su nombre?, conmovida, le pregunté.
_ Mi nombre es René y soy el mejor pintor de la Argentina.
Tomé una lámina al azar y solté un "Que Dios lo bendiga" , aunque ya hace tiempo que a Dios lo olvidé.
René me remite a Rembrandt y Renoir, dos de mis pintores favoritos. Y no cabe duda de que René, en su llama encendida y su fe en su talento, aún estando enfermo y viejo, es el mejor pintor de todos los tiempos que anda en su silla dando lecciones de vida a todos los bendecidos que, como yo ese día, se quedan con una de sus pinturas.
En honor a René Oscar Esquivel. Artista Hiperrealista, Pintor Arg. de L. del Mirador, Bs. As.
lunes, 5 de enero de 2026
Sanación
Me desperté hamacándome en el fresco aroma de pinos y eucaliptos.
Desayuné en alas de golondrinas, gorriones y calandrias.
Llegué hasta el mar montada en un remolino soleado de viento y sal,
dejando atrás esa manía mía de caminar mirando todo lo que piso.
Me elevé hasta el cielo salpicado de nubes de espuma y bruma.
Y me senté en la arena tersa sintiéndome sanada
y por fin con ganas de escribir unas leves palabras
después de años de no hilar ni una sola línea.
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