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domingo, 8 de marzo de 2026

Espléndida edad

 


Espléndida edad, en la que me pierdo

y no sé muy bien ni qué edad tengo,

pero sí sé que estoy un paso más lejos

del mero detalle en mi documento.


Espléndida edad, en la que decido

colgar los tacones de zapatos viejos,

llevar uñas cortas, el pelo más corto,

mojarme, si llueve, y no usar piloto.


Espléndida edad, que me trajo anteojos

-me dicen que así se logra ver todo-

aunque, contra la sapiencia de mi oftalmólogo,

mi vista es mejor aun sin anteojos.

 

Espléndida edad: escucho y no oigo,

escucho también los discos de ayer,

visito los sueños del no-pudo-ser(y lo entiendo todo!!!)

canto y bailo sola con estilo propio.

 

Espléndida edad, en la que no salgo a comprar,

en la que no paso un helado por no engordar;

las miradas ajenas, más bien me resbalan,

y el qué dirán: ¿qué?: No me dice nada.


Espléndida edad: ¡Ya no estoy en edad!

Lejos de sentirlo como condena,

no lloro por verme distinta al espejo:

casi ni lo miro, ni vendo mi alma por el forever-young.

 

Edad en la que, se cree, ya no me-reces nada.

Me dicen: -Perdón, Reina mía, estás sobre-calificada...

- Te entiendo, - contesto -, ¡qué triste verdad!

Yo pensaba lo mismo de mí a los treinta... (Por Dios... ¿Qué hago yo acá?)

 

¡Espléndida edad!

 

Porque exijo lo justo, porque armo mi juego,

porque no me contento con ser veterana

de guerras pasadas, de guerras ganadas,

de guerras perdidas: quedarme con las ganas...


¡Yo quiero ir por mas! A mi espléndida edad,

yo no me contento con estar en Facebook,

ser madre y esposa abnegada,

tía y, en cualquier momento, al paso que vamos, abuela también...

Muy lindo todo eso. ¡Yo vengo primero!

Y no cerré el libro de todos mis sueños:

a mí se me hace que estoy en el prólogo

o -como dicen ahora- que todo es precuela.

 

Y veo - y no compro - en revistas baratas

que fulana de tal espléndida está,

silueta de avispa, la panza, una tabla,

un novio de treinta, las tetas infladas.

 

Ni una sola arruga - qué feo que es eso...

 Se borran las marcas de ciclos vividos,

 se inflan con botox, se fingen los gestos,

se pierden los mapas de lo bien habido.

 

Ni siquiera la juzgo a la infeliz fulana,

sólo siento lástima: la vida es tan corta

para, en un quirófano, ir a empeñarla.

 Prefiero los dientes con color a dientes.

 

Y ahora te cuento sobre mi exorcismo 

para este demonio de quedar varada 

en la irrealidad de lucir de veinte

que a nadie jamás favorece:

 

silenciosamente, y de madrugada,

celebro mi vientre, mis pechos caídos,

mi frente marcada, las manchas del sol,

las várices y estrías de mis embarazos.


¡Qué suerte la mía!


Celebro alumnos, hijos florecidos,

celebro ese cielo de mis caminatas,

celebro los treinta que quiero cumplir de empleada

para jubilarme y viajarme la vida,

 

criar orquídeas, construir un estanque,

contemplar amaneceres desde mi ventana,

desterrar al despertador 

y tomar el desayuno siempre en la cama.

 

Y con ese sencillo pase de magia

yo me siento espléndida hoy...

¿Qué importa mañana?

Mañana, ¿Quién sabe? Tal vez ya no estoy...

Amor de pies




"... la mujer que tiene los pies hermosos


sabe vagabundear por la tristeza."



Mario Benedetti, "Pies hermosos" (Fragmento)









No había sido agraciada 
con cinturita de avispa,
por alta no destacaba,
sus pechos no bamboleaban,
al irse no deslumbraba,
sus cabellos no danzaban,
sus ojos no encandilaban.

¡Pero Dios sí le había dado
unos pies que eran un canto!
De sus pies quedó él prendado,
se quedó anonadado:
la desnudó sin tocarla,
sólo con puro mirarla,
al descalza descubrirla.

De refilón un buen día
desde la vidriera fría
la vio en la zapatería
en el preciso momento
en el que descalzó sus pies;
sin olerla, sin rozarla,
la amó parada y en pata.

Un amor de pies preciosos,
- tentadores como frutos -
libre de todo prejuicio:
amor plantar, amor podal.
Se enamoró de sus pies
perfumaditos, sedosos,
redondeados y carnosos.
¡Mujer de pies asombrosos!